Hace cinco minutos estaba sentada en la mesa de la cocina cenando un plato de lentejas, se escuchaba Chopin de fondo. Ahora Chopin sigue sonando pero las lentejas han desaparecido. Si tuviese vino me lo bebería todo esta noche, pero lo cierto es que solo tengo coca-cola y aunque no está mal, no es igual de elegante ni causa los efectos de una buena copa de vino.
Hoy es de esos días fríos que se adelantan a la llegada del invierno. Frío en exceso. Yo solo quiero mi mar, con sus olas rompiendo contra el muelle, la lluvia, el cielo siempre tan gris, con sus distintas tonalidades. Aquí nunca llueve o casi nunca y el cielo cambia de color todos los días. Hoy está nublado, esta noche llueve, mañana hace sol. La única constante es la temperatura que siempre es igual de insoportable.
Mañana es sabado y me toca ir a clase. Sí, has leído bien, mañana es sábado y tengo que ir a clase. En fin, que le vamos a hacer. Solo espero que no nieve, que no haga tanto frío como hoy y que mi bici y yo podamos salir a la calle como cada mañana, como cada tarde.
Las personas a veces me sorprenden. Yo misma me sorprendo. Había prometido no cogerle cariño a nadie, porque yo ya sé lo que se supone la decepción de que no sea correspondido. Pero aun así, le cogí cariño a una persona, creo que se lo merece aunque no tiene el más mínimo interés y tampoco la más mínima intención de que ese cariño sea recíproco. !Que sencillas son las cosas y que complicadas las hacemos!
La vida nocturna no es la solución a ninguno de mis problemas. Es algo que he aprendido estas semanas. Aunque salga de noche los martes, los jueves, los viernes, los sábados, mis problemas no van a desaparecer, se van durante una noche, pero a la tarde siguiente siguen ahí.
Chopin sigue sonando, el es continuo no como yo. Aunque supongo que en algún momento dejará de sonar.