viernes, 22 de enero de 2010

Mierda. Mierda. Mierda.
Me levanto por la mañana y me voy al periódico. Me siento 7 horas delante de un ordenador, el teléfono suena y suena y yo lo cojo una y otra vez. Salgo y esta el para sacarme de quicio. Sin embargo a veces me falta. Me faltan sus pasos en las escaleras, su olor a mar y arena, sus manos grandes llamando a la puerta de mi habitación. A veces me acuerdo de las canciones que canta, de sus chistes y otras de sus gritos y de todas esas cosas que me sacan de los nervios. Supongo que de él heredé el amor al mar, a la tranquilidad y a la vida. Nos parecemos demasiado y por eso me saca de quicio y no puedo verlo delante. La tranquilidad se me va.
Llego a casa tarde, muy tarde. A veces llego mas allá de las 11. Soy la chica en practicas, nadie me hace caso, nadie sabe quien soy, nadie se fía de mi. Todos me ignoran. Sin embargo me siento bien, unas mejor que otras, pero bien. En una semana volveré a mi vida de estudiante, que ahora mismo echo de menos.

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